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El ojo del medio (Segunda entrega)

El búfalo de la caverna

Siempre se ha dicho que los medios –así en general- significan una ventana al mundo. En cierta manera, lo son.  Con mucho esfuerzo, podríamos imaginarnos lo que sería de nuestra vida sin ellos. Horas y horas de entretenimiento e información quedarían sólo en nuestras manos, pero en nuestras manos, solamente, con todo lo que eso significa.

Además, dicho así, los medios, no significa nada. ¿Qué son los medios?¿Cómo es posible hablar de los medios, así en general? Hablar de esa manera no aporta nada, no dice nada y no es posible decir nada al respecto. Claro, si la primera imagen dibujada en la pared de una caverna por un hombre primitivo puede considerarse un medio de comunicación. Desde esa sencilla imagen hasta lo que hoy consideramos medios hay mucho, muchísimo, que contar y explicar.

Esa primera imagen, supongamos, un búfalo, dibujada sin mucha exactitud por una primera mano de neardenthal o cromagnon con herramientas extraídas de la propia naturaleza contaba mucho a sus contemporáneos y puede contar mucho a los actuales humanos.

Las pinturas rupestres, pues de ellas estamos hablando,  son relatos de cacería, homenajes a sus medios de vida, relatos de una cotidianeidad perdida en el tiempo para gran parte de la especie humana. Esbozar un dibujo en la pared de una caverna miles de años atrás era –y es- un profundo acto de comunicación.

Ahora bien, cabe preguntarse el sentido que podía tener estampar en la pared de una caverna algo con lo que todos tomaban contacto casi a diario. Tal vez tenía un sentido de apropiación, adoración, enseñanza, identificación o simple decoración.

Pero entre esas pinturas inanimadas y sencillas y los mensajes que recibimos a diario por nuestros complejos y desarrollados medios de comunicación existe una misma intención, que es la de contar, narrar, mostrar. Pero hay una gran diferencia –salvando las distancias tecnológicas, por supuesto-: el búfalo que aparece en la pared de la caverna podía ser observado “al natural” por los espectadores con sólo asomarse al exterior.  El mundo mediático de esos hombres primitivos coincidía plenamente con el mundo experimentado por los sentidos. Nuestro mundo mediático excede ese límite, a tal punto que sería imposible experimentar todo lo que una reducida pantalla (la pared de la caverna en nuestro living) nos muestra todos los días.

 Lic. Gustavo Rosa